Close
Productos
    Filters
    Preferencias
    Buscar

    El aparato para dejar de roncar y lograr despertar a la lengua

    El aparato para dejar de roncar y lograr despertar a la lengua

    Ningún artilugio había conseguido acabar con los ronquidos sin el coste de sustituir esa incomodidad por otra nueva. Hasta la llegada del arco con lengüeta de Dental Aspe, que ahora se ha convertido en el más destacado de los aparatos para dejar de roncar a nivel mundial. Ahora lo ofrecemos en Tienda Roncofer con total garantía.

    En el camino de la prótesis dental, Miguel Navarro y Antonio Soria se encontraron investigando una solución para acabar con los ronquidos. La idea de un otorrino de la clínica Medimar, con 30 años de experiencia en ese campo, parecía sensata: colocar un tope a la altura del velo del paladar para que la lengua permaneciese toda la noche estirada. Aplicando sus conocimientos en el tratamiento de problemas bucodentales, los innovadores de Dental Aspe fueron desarrollando distintas variaciones, cada vez más perfeccionadas, del ingenio. Pronto se extendió la noticia y pacientes de toda Europa se presentaron en la consulta pidiendo una prótesis a medida. Fue entonces cuando Dental Aspe se convenció de que había que diseñar un modelo estándar.

    prótesis a medida para dejar de roncar


    Una lengüeta en el lugar adecuado para ‘dar un codazo’ a la lengua e incluso educarla para el futuro

    La experiencia en la fabricación de prótesis dentales y el conocimiento de los materiales sirvieron a Dental Aspe para desarrollar la lengüeta que da un ‘codazo’ a la lengua y la devuelve a su sitio. Después de tres décadas reconociendo pacientes en la Clínica Medimar, el médico especialista en otorrinolaringología, Federico Mangada, había llegado a la conclusión de que ningún medio mecánico conocido combatía de forma eficaz el problema de los ronquidos. Algunos aparatos apostaban por el adelantamiento de la mandíbula para facilitar el paso del aire, pero acababan provocando un trauma en la articulación de la mandíbula. En muchos casos los productos en el mercado estaban fabricados con hierros, tornillos y gomas y acababan generando en el usuario una sensación de claustrofobia. Como alternativa de última generación, había proliferado el empleo del láser para recortar la úvula del paladar, pero frecuentemente al cabo de medio año esa parte blanda de la zona superior de la boca se volvía a descolgar y el problema reaparecía. La mejor opción, pensaba Mangada y su equipo, era diseñar un aparato que sujetara la lengua, que la parara, dado que el 90% de los pacientes ronca porque se les descuelga al relajarse durante el sueño. El aire que pasa por el pequeño espacio libre entre la lengua y el velo del paladar sale en forma de pitido.

    Dio la casualidad de que una persona de su equipo tenía un familiar especializado en la elaboración de prótesis dentales en Aspe. Había creado un pequeño laboratorio.

    Dental Aspe
    De izquierda a derecha, Vicente Ruedas (AIMPLAS), Miguel Navarro (Dental Aspe), Enrique Benavent (AIMPLAS) y Antonio Soria (Dental Aspe)


    La Innovación – En busca del aparato más cómodo para realizarlo en serie

    Aunque la idea original apenas sufrió alteraciones, la aparición de nuevos materiales y la necesidad de superar inconvenientes permitió llegar a una solución patentable.

    La primera versión del aparato diseñado siguiendo las instrucciones del doctor Mangada era efectiva, pero producía lesiones en la lengua por el movimiento asociado al acto de tragar saliva. Con el roce, se acababa creando una pequeña molestia. Estaba fabricado con resina de ortodoncia y cubría todo el paladar, de modo que la lengua no podía tocarlo, otra incomodidad más. Pero funcionaba. El primer paciente que lo usó simplemente dejó de roncar. Las siguientes versiones fueron reduciendo el tamaño de la lengüeta hasta quedar limitada a apenas 1,5 centímetros. No hacía falta más para ‘despertarla’ de su relajamiento nocturno. Patentaron la idea. Al cabo de un tiempo, Dental Aspe diseñó otro aparato que cubría menos superficie del paladar, de modo que la lengua podía tocar la rugosidad del tejido situado en la bóveda de la boca y encontraba más sencillo tragar saliva. Por entonces, el sistema se utilizaba ya de forma habitual en el hospital de Mangada. Los pacientes que decidían utilizar el aparato diseñado para ellos por Dental Aspe, por lo general, ya no volvían a la consulta: el problema del ronquido desaparecía. El fenómeno saltó las fronteras cuando el aparato evolucionó en el sentido de su última innovación hasta descubrir completamente el paladar.

    El secreto estaba en utilizar un arco para sujetar la lengüeta en el centro de la boca, en un punto no reflexógeno, es decir, que no provocara sensación de angustia. Y a la altura de los molares, para evitar que la lengua se escape. La aparición de nuevos materiales, como el policarbonato, que pesan muy poco, permitió eliminar resina del compuesto y obtener un aparato más liviano y fácil de fabricar. El sistema de trabajo de Dental Aspe y la Clínica Medimar era esencialmente artesanal. El equipo de Soria y Navarro acudía a la consulta y hacía un molde con la dentadura del paciente. Se vaciaba sobre la escayola el producto, se preparaba el arco y se ajustaba en el hospital. El coste de cada aparato rondaba 600 euros, pero su eficacia atrajo a personas de otras comunidades autónomas y hasta de otros países europeos. El éxito de demanda y los avances tecnológicos no dejaban dudas acerca del potencial del invento si se conseguía producir en serie y comercializar en farmacias. Entre el 80% y el 90% de las bocas podrían utilizar la misma cubeta, ya que la distancia entre los molares de un lado y otro de la boca ronda los ocho centímetros y el recorrido longitudinal suele ser de unos seis centímetros. Y estaba claro que la lengüeta funcionaba. El problema era encontrar una fórmula estandarizable de sujeción del aparato a los dientes. Fue con ese objetivo con el que la investigación desembocó en AIMPLAS.

    Prótesis Roncofer


    El Desarrollo – Roncofer queda completo con el diseño de un sistema de sujeción universal

    La lengüeta de Dental Aspe ha acabado dando un ‘codazo’ a todo el sector. Fue necesario encontrar un material maleable y con baja temperatura de fusión para cuadrar el producto. Es el EVA.

    Sin la colaboración del instituto tecnológico no habría sido posible la creación de Roncofer, el producto de Dental Aspe que acaba con los ronquidos en un porcentaje altísimo de casos, listo para su comercialización a gran escala en farmacias. La clave de la innovación ya no se encontraba en la fórmula para hacer reaccionar a la lengua, eso estaba resuelto, sino en diseñar un sistema de sujeción universal, algo cuyo principal obstáculo es el carácter singular de cada boca. El equipo de Navarro y Soria pensó que lo más adecuado sería dividir el producto en dos partes: la funda con el arco y un relleno que se amoldase a los dientes del usuario. Comenzaron realizando pruebas con el EVA, con siliconas de condensación, pero no encontraban ningún material con la suficiente consistencia. Hasta que, con ayuda de AIMPLAS, dieron con el EVA, un producto que tras un minuto en un microondas casero a 800 vatios alcanza los 75 grados de temperatura y se vuelve lo suficientemente blando para poder ajustarse a la forma de cualquier dentadura. El EVA es un copolímero de etileno y acetato de vinilo, muy maleable, con puntos de fusión bajos, que es lo que Dental Aspe buscaba para que se pudiera calentar en casa. Una vez obtenido el molde doméstico, simplemente habría que introducirlo en el interior de la funda de los dientes con el arco, diseñada con retenciones para evitar que se desprendiera. AIMPLAS se encargó de realizar un estudio de mercado a nivel global para averiguar si existía una prótesis similar en todo el mundo. Había algunas versiones que podrían considerarse primas hermanas de Roncofer, parecidas a los aparatos de los boxeadores, pero no se acercaban a su nivel de precisión y eficacia. Navarro y Soria contactaron con un fabricante local de piezas de inyección de plástico y acabaron de pulir el aparato para facilitar su producción industrial, en serie. Hubo que modificar el diseño, retocar el ángulo del arco, la anchura de la base, el anclaje del arco sobre la arcada, y hubo que encontrar una solución para las contrasalidas, necesarias para encajar la parte blanda dentro de la funda, pero problemáticas para el sistema de producción industrial porque obligan a una extracción manual de la pieza de la máquina.

    Roncofer se convirtió en una realidad en 2010 y abrió la puerta de varias multinacionales interesadas en participar en la distribución del ingenio, para empezar, en Europa.

     

    Remedio para dejar de roncar

    Deje su comentario